El Atletico, eliminado de la Copa del Rey por el Girona

Girona, un modelo de gestión y un talón de Aquiles como esquema

NOTA PREVIA: Escribi esto, hace algunos dias, para @lavidaenrojiblan. Aunque, obviamente, fallan algunas referencias temporales, esta de plena actualidad.

Con el modelo organizativo de Copa del Rey que se viene siguiendo en los últimos años – parece que Rubiales tiene, al fin, firme voluntad de cambiarlo para hacerlo más atractivo -, los equipos clasificados para competiciones europeas se juegan todo en jornadas intersemanales entre enero y principios de febrero, donde se juegan octavos, cuartos y, al menos, la ida de semifinales. Estos equipos entran en competición entre noviembre y diciembre, con el enfrentamiento de dieciseisavos de final que les enfrenta a un conjunto de Segunda B o Tercera División, y a doble vuelta, lo que suele devenir en un trámite sin más interés que la historia visita de un ‘grande’ a un estadio de las citadas categorías.

Pasado este trámite, el interés (si puede seguir considerándose así la Copa disputada con rondas de ida y vuelta) comienza en la eliminatoria de octavos de final con enfrentamientos, en su mayoría, entre equipos de Primera división, solo aderezado con algún equipo de inferior categoría que pueda colarse en este ronda, ya sea dando la sorpresa (rara) de eliminar a un Primera, ya sea vía un sorteo amable que le haya emparejado con otro equipo de Segunda (es el caso del Sporting de Gijón en esta campaña); el modelo descrito deja poco espacio para más alternativas en la competición. Poderoso caballero es Don Dinero y la presión de los grandes, que se vieron en no pocas ocasiones apeados de la competición, a las primeras de cambio, de forma (casi) humillante, ante equipos de una, dos o hasta tres categorías inferiores, es demasiado fuerte. O lo era hasta ahora.

Y, en esta Copa del Rey 2018/19, al Atlético le ha correspondido enfrentarse, en su primera eliminatoria ‘retadora’ al Girona. Así, por nombre, por presupuesto, por trayectoria (apenas un año y medio en Primera División en su historia; el actual periodo, tras su ascenso al final de la campaña 2016/17) pareciera un rival sencillo. Pero habrá de andarse el Atlético de Simeone con mucho cuidado; y el aficionado medio ser (algo) menos optimista, vistos los precedentes: en los tres enfrentamientos acaecidos hasta la fecha en Primera división, el Atlético no ha sido capaz de doblegar al Girona: empate a 2 en el partido inagural de la Liga 2017/18 (dos goles de Stuani para el Girona, compensados por otros dos Correa y Giménez a última hora), empate a uno en la devolución de visita en el Metropolitano (Griezmann y Portu) y otro empate a 1 en Montilivi hace escasas semanas y ya en esta campaña 2018/19 (Stuani para los locales y otro punto salvado a última hora, con gol en propia meta de Ramalho).

Y, al margen de la circunstancia puntual (o no tanto) de que al Atlético se le atragante el Girona, lo cierto es que el desempeño del Girona en su trayectoria en la elite del futbol español está poniendo ‘en el candelero’ un modelo de gestión excelente desde su adquisición por parte del grupo ‘TVSE futbol’ allá por abril de 2015. Su primer objetivo fue sacar al club del concurso de acreedores en el que llevaba inmerso casi dos años; hecho que logro pocos días después de hacerse con el control del club.

Su segunda decisión de calado fue situar al gerundense (y titular indiscutible del Atlético del mítico doblete 1995/96) como presidente de la entidad; y la tercera, en el plano puramente deportivo, apostar para el banquillo por un Pablo Machín que venía realizando un excelente trabajo desde que se hiciese cargo del club en marzo de 2014: en aquellos pocos meses de temporada 2013/14, salvó al equipo del descenso (lo cogió como colista), sumando 21 puntos de 39 posibles. En la siguiente campana, 2014/15, con el segundo presupuesto más bajo de la categoría, perdió la opción de ascenso directo en la última jornada -al empatar con el Lugo y en favor del Sporting- y perdió la promoción de ascenso frente al Zaragoza por el valor doble de los goles en campo contrario.

Mantenido Machín, pese al cambio accionarial y directivo en la entidad, el futbol volvió a demostrar que cuando se mantiene una idea, aunque ésta no tengo porque ser excelsa, los frutos suelen acabar llegando: en la campaña 2015/16, el Girona se sobrepuso a una nefasta primera vuelta (la concluyó rozando los puestos de descenso) para acabar la temporada en cuarta posición y, por tanto disputando la promoción de ascenso a Primera: elimino al Córdoba en la primera ronda pero caería ante Osasuna en la ronda final.

Y el culmen al trabajo bien hecho, al modelo, a la idea, llegaría en la campaña siguiente donde, tras un comienzo algo irregular, se alzaría con la segunda plaza y, por tanto, con derecho directo al ascenso por primera vez en su historia.

Con una mucho más que meritoria décima posición en su debut en la máxima categoría del futbol español, el Girona vio el verano pasado como perdía a uno de los pilares de su excelente trayectoria en los años anteriores: su entrenador hablo Machín aceptaba una oferta del Sevilla, dejando al equipo sin referencia en el banquillo.

Y el elegido por Delfí Geli para sustituirle fue otro hombre con pasado atlético; aunque un tanto breve: Eusebio Sacristán. Eusebio pasó por el Atlético en la campaña 1987/88, primera de Jesús Gil como presidente atlético. Empezó aquel año (no es una idea original de Miguel Angel Gil, viene de mucho más atrás) la ‘agencia de compra de jugadores’ (Futre, Eusebio, López-Ufarte, Juan Carlos, Parra, Marcos Alonso, Goikoetxea… llegaron aquella primera campaña al Calderón) y, a la campaña siguiente, comenzó la ‘agencia de venta de jugadores’ (Alemao, López-Ufarte, Julio Salinas, el propio Eusebio, además de los ‘damnificados’ Landaburu, Quique Ramos, Quique Setien…). El vallisoletano Eusebio fue traspasado, junto con Salinas, a un Barcelona que acababa de reclutar al mítico Cruyff como entrenador; y se convertiría, durante siete años, en una de las referencias clave del mediocampo del llamado Dream Team.

Tras una primera experiencia como colaborador de Frank Rijkaard (otro destacado miembro de la escuela holandesa) y antes de recalar en el Girona este pasado verano, Eusebio dirigió a Celta (marzo 2009 – junio 2010), Barcelona B (junio 2011 – febrero 2015) y Real Sociedad (noviembre de 2015 a marzo de 2018).

Jugador de clase innata, madurado bajo el impagable talento de Cruyff como director técnico, aplica el Eusebio entrenador todo lo aprendido en can Barca; pero también aderezado con sus propias ideas y la flexibilidad en la táctica, si la situación lo requiere. Y este Girona es un gran ejemplo de ello. De la escuela holandesa (y de su propia idiosincrasia como jugador, todo hay que decirlo) aprendió Eusebio el gusto por el futbol de toque, de posesión, de ataque… que ha venido plasmando en todos sus equipos. En la Real Sociedad, su última experiencia antes de la actual solía estructurar al equipo en un 4-3-3 (una apuesta ofensiva, pero con una versión algo más conservadora que el 3-4-3 de su ‘maestro’ Cruyff) …

Cuando llego a Girona, trato de implementar el mismo sistema, pero, vistos los resultados, fue capaz de rectificar ‘sobre la marcha’; detalle de notable entrenador (aunque un sector de la parroquia atlética le tengo una cierta tirria por ciertas declaraciones no muy afortunadas): un 4-3-3 y un 4-3-2-1 en sus dos primeros partidos de Liga, frente a Valladolid y Real Madrid, ambos en casa y con el pírrico balance un empate a 0 frente a los castellanos y una derrota por uno a cuatro ante los madridistas.

Y es que la (excelente) sombra de Pablo Machín, y su defensa de tres, es muy alargada en Girona. Y Eusebio mutó; y trató de adaptar sus ideas al sistema conocido hace años por el club y los jugadores (ya sea con un 3-4-1-2 o con un 3-4-2-1 como esquema de partida); y los resultados no se hicieron esperar: dos victorias consecutivas, frente a Villareal y Celta pusieron al equipo en la línea que le ha permitido llegar a la decimoctava jornada de LaLiga  en novena posición, con un notable ‘colchón’ sobre los puestos de descenso y a ‘tiro de piedra’ de los puestos que dan acceso a competiciones europeas.

Dicho todo lo cual bien haría este Atlético en no fiarse, en absoluto, de este Girona. Al margen de la impecable gestión de su rival en estos octavos de final de la Copa del Rey, al margen de los precedentes en Liga de la última campaña y media, hay otro dato menos objetivo, tal vez, pero también empíricamente comprobable si uno acude a la hemeroteca: el Atlético de Simeone que, lleva siete años sabiendo plantar cara a los más grandes (económicamente) del continente, tiene su talón de Aquiles en equipos con defensa de tres. Y el Girona es, desde hace varios años, un prototipo perfecto de este esquema. Tal vez, si profundizásemos en este hecho, no resultasen tan sorprendentes los tres empates consecutivos obtenidos frente al Girona en Liga. Pero eso merecería un artículo aparte; por el momento, centrémonos en tratar de eliminar al Girona para acceder a los cuartos de final de la campana 2018/19.

Los co-lores(jones) por encima del dolor

Pocas secuencias futbolísticas tan impactantes ha visto uno en su vida como la de José María Giménez llorando en los últimos minutos del encuentro de cuartos de final del pasado Mundial de Rusia entre Uruguay y Francia; Uruguay perdía por dos tantos a cero y el Comandante sabía que su selección estaba fuera del Mundial. Y cuando se cita, en la frase anterior, ‘llorando’, no es una forma de hablar, es textual; la televisión captó las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Jamás se había visto algo similar con un encuentro sin finalizar.

La imagen habla por si sola (Foto: youtube.com)

Es el carácter uruguayo (argentino, también). Es el dejarse ‘la vida’ por tus colores, sean a nivel de selección o de equipo. Es el luchar como si no hubiese un mañana. Es el anteponer los intereses de tu equipo a los tuyos personales. Es… la misma vida, para quien quiera entenderla como se debería. Y el pasado sábado, viendo la demostración de carácter de Diego Godín, uno no pudo evitar idolatrar al ‘Faraón’, una vez más, y rememorar las imágenes del Comandante (otro uruguayo) en aquel Francia – Uruguay del Mundial.

Godín estaba roto. Él lo sabía. Ha reconocido estará casi un mes de baja. El Atleti había ido perdiendo la mayor parte del partido. Simeone, pocos minutos antes de romperse Godín, había quitado a Montero (gran proyecto de central) para meter a Gelson Martins. No quedaban más centrales sobre el campo. Lucas, Giménez y Savic ni siquiera habían podido ser parte de la convocatoria. Pero Godín, sea decisión propia o de Simeone, no abandonó el campo, como cualquier otro hubiese hecho estando roto. Un uruguayo jamás deja a su equipo con 10.

Y Godín, roto, lesionado, se situó en la punta del ataque. Para que, aunque sin poder moverse mucho, el contrario tuviese un elemento más del que preocuparse. Y desde ahí siguió luchando, mandando, dejándose la piel, como siempre ha hecho por esta camiseta.

Y, en el 93, ese minuto fatídico para el Atlético en alguna que otra ocasión, llegó el premio. En un ‘deja vu’ de aquella remontada del mítico Juan Carlos Arteche frente al Betis en noviembre del 83, Diego Godín estiró su pierna para enviar a la red una prolongación de Griezmann. Como dice el gran @jorgecrespocano, también era noviembre, también llovía en Madrid, también supuso la victoria, también salió del campo lesionado… ¿Le está saliendo bigote a Godín?

Victoria clave, por muchas razones. Desde un punto de vista exclusivamente ‘de clasificación’, porque permite al Atlético no distanciarse mucho del Barcelona, al que recibe el próximo 24 de noviembre, justo después de las jornadas de selecciones (odio la palabra ‘parón de selecciones”). Desde el punto de vista de la moral, porque vuelve a poner de manifiesto aquella gran frase de Simeone “no me preocupan los partidos grandes porque esos partidos son a morir… y, a morir, los míos mueren” (por cierto, quien no lo haya hecho, que busque en YouTube el documental “Asado Reservado”; puro Simeone). Y desde un punto de vista estructural, de club, porque cuentan las crónicas y los conocidos (desgraciadamente uno vive en Francia y no puede vivirlo) que fue una de las primeras veces que el Metropolitano (me niego a lo del Wanda, aunque sea muy moderno y muy cool) alcanzó una comunión con el equipo, que lo llevó en volandas a victoria. Jamás será el Vicente Calderón; pero entre todos debemos (y vamos a) lograr sea también mítico en la historia de este club.

Pero, por encima de todo, Diego Godín. Carácter uruguayo; orgullo charrúa. Los co-lores(jones) por encima del dolor.

Previa Holanda vs Alemania: buscando sobrevivir en esta Liga de Naciones

Escribo para @VAVELcom la previa del Holanda – Alemania que se disputa esta noche, correspondiente a la jornada 3 de la Liga A de esta nueva Liga de Naciones. Partido clave para ambas si no quieren correr grave riesgo de descender a la Liga B. La previa completa puede leerse aqui.

 

Breve historia de los Hernández

Los más jóvenes no lo recordarán, pero Jean-François Hernández fue un sobrio y fornido central francés que militó en el Atlético de Madrid en la infausta temporada 2000/01; infausta porque el Atlético había de competir en la Segunda división y más infausta todavía, si cabe, porque no se lograría en retorno a Primera ‘a las primeras de cambio’ como hubiera sido deseable, razonable y, sobre todo, exigible.

De origen español (su apellido le delata), nació en la localidad francesa de Tours (23 de abril de 1969) y comenzó su carrera futbolística en el Toulouse, donde permaneció 6 años, hasta 1994. Una temporada en el Sochaux y casi tres en el Olympique de Marsella fueron la antesala de su llegada a España. Pero, antes de repasar su salto al futbol español, detengámonos en un hecho fundamental para esta historia: durante su estancia Marsella, nacieron sus dos hijos varones, fruto de su matrimonio con la francesa Laurence Py: Lucas Hernández (14 de febrero de 1996) y Theo Hernández (6 de octubre de 1997).

Jean-Francois Hernández llegaría a España de la mano de la SD Compostela mediada la temporada 1997/98. Permanecería allí apenas unos pocos meses, yéndose nadie sabe muy bien porqué y desembarcando en el Rayo Vallecano, donde hizo, durante dos campañas, una pareja de centrales inolvidable con Diego Cota, el eterno capitán rayista.

Tras dos campañas allí, el Atlético de Madrid, recién descendido a Segunda, decidió que, para volver a Primera, había que huir de la calidad como tal y que era mejor apostar por jugadores sobrios, duros… La renovación fue absoluta; y para muestra un botón: en el centro de la defensa, solo permaneció Santi Denia, marchándose el argentino Jose Chamot y los paraguayos Ayala y Gamarra (¿La mejor pareja de centrales del mundo???!!!) Y así llego al Calderón el primer Hernández de esta historia. Aunque tuvo ciertos momentos brillantes, su temporada no puede calificarse, ni mucho menos, de destacada; ni en colectivo, ni en lo personal: las lesiones y la competencia (llegarían aquel año, como reemplazo de los sudamericanos, Ivan Amaya – también del Rayo-, el argentino Juan Gomez -mediocentro procedente de la Real Sociedad, pero que acabaría jugando de central y el bosnio Mirsad Hibic) hicieron que no jugase ni la mitad de los partidos.

Jean-François Hernández, junto con un jovencísimo Fernando Torres (Foto: scoopnest.com)

Volvería, en el verano de 2001, al Rayo Vallecano, donde se retiraría un año más tarde. Pero no se retiró solo del futbol; se ‘retiró’ también de su familia: abandonaría a su mujer y a sus dos hijos pequeños Theo y Lucas (con 5 y 6 años, respectivamente) para irse con la televisiva Sonia Moldes.

Y Theo y Lucas quedaron afincados en Madrid con su madre; en la localidad de Majadahonda, en concreto. Y, años más tarde, comenzaron a exhibir sus habilidades futbolísticas en el equipo local. Habilidades tales que hicieron que Theo, en primer lugar, fue llamado por el Atlético de Madrid para realizar una prueba a fin de tantear su posible incorporación al equipo rojiblanco. Cuenta su propia madre, Laurence Py, que el día de la prueba de Theo, no tenía con quien dejar a Lucas por lo que se lo llevo a la prueba. Y, durante la prueba, Lucas se puso a jugar con un balón en la banda, llamando también la atención de los ojeadores del Atlético. Resultado: ambos fueron incorporados a las categorías inferiores del Atlético de Madrid.

A partir de ahí, la historia es ya más visible para el gran público: ambos fueron gestándose como dos grandes proyectos de futuro y todo hacía indicar que, de no truncarse nada, los dos llegarían a ser piezas importantes en el Atlético de Madrid. Sin embargo, mientras iban gestándose estos proyectos de futbolistas, con trayectorias casi gemelas, empezaron a surgir diferencias en sus trayectorias, voluntarias o involuntarias, casuales o causales.

A nivel de club, Lucas llegó antes a debutar en Primera División: seria con el Atlético, el 3 de diciembre de 2014, en un encuentro de Copa del Rey ante L’Hospitalet, convirtiéndose en miembro de pleno derecho de la primera plantilla atlético en el verano de 2015. Y aquí sigue… teniendo cada día más y más protagonismo en el primer equipo rojiblanco.

Theo, seguramente debido al año de diferencia que les separa (y puede que a otras cuestiones), llegaría al final de esa temporada 2015/16 al primer filial del Atlético. A partir de ahí, las cosas se desarrollaron muy rápido para el menor de los Hernández: debut con el filial, algunas convocatorias con el primer equipo, pretemporada 2016/17 a la ordenes de Diego Pablo Simeone… y cesión al Alavés.

Temporada espectacular en el equipo vitoriano que hizo que, atraído por los cantos de sirena y los millones que llegaban de Concha Espina, rompiese con todo su pasado rojiblanco y cambiase de acera, camino del Bernabéu, en el verano de 2017. Fracaso absoluto en su primera temporada como merengue, críticas a mansalva (seguramente, más que merecidas) y cesión a la Real Sociedad en esta campaña 2018/19

A nivel de selección, ambos se decantaron, al menos, en un principio, por la francesa, la del país que les vio nacer (aunque no les haya criado). Theo recorrió los escalones de la sub-18, sub-19 y sub 20 pero nunca llego a debutar con la sub-21; de hecho, fue convocado y no llegó a presentarse. Hay quien dice su idea era jugar con la española. A día de hoy, huelga decirlo, su convocatoria con cualquier de las dos resulta una absoluta quimera.

Lucas, por su parte, recorrió todos los escalones inferiores: sub-16, sub-18, sub-20 y sub-21. Y sus notables actuaciones tanto en el Atlético de Madrid como en las categorías inferiores de la selección francesa, provocaron la llamada de Didier Deschamps para la selección absoluta en marzo de 2018. También hay quien dice que él hubiera preferido jugar con la española (habría que ver si la normativa FIFA lo hubiese permitido) pero la llamada de Deschamps inclino la balanza.

Lucas Hernández, campeón del mundo con Francia el pasado verano (Foto: as.com)

Lo que vino después puede considerarse como un cuento de hadas, el sueño máximo de un niño que aspira a ser alguien dentro del mundo del fútbol: apenas pocos meses después, entra en la lista definitiva de la selección francesa para el Mundial de Rusia 2018 y se proclama campeón del mundo con apenas 22 años.

Si volvemos la vista atrás y reflexionamos, nos daremos cuenta el verdadero punto de inflexión de las trayectorias de los dos hermanos está en el verano de 2017; aquel en el que Theo, tras su cesión en el Alavés, decide no regresar a la disciplina del Atlético de Madrid (de hecho, no ha llegado a debutar con el primer equipo) e irse al Real Madrid, con los resultados conocidos hasta el momento.

Theo es un lateral izquierdo puro, mientras que Lucas es (o era) un central que puede acomodar su posición, de manera más que notable, al lateral izquierdo. Filipe Luis empieza a tener ya una cierta edad (no está para jugar dos partidos por semana, reconocido por el mismo) y tiene una cierta tendencia a las lesiones. Sin la clara alternativa que podría haber resultado Theo, Simeone decide seguir apostando por Lucas como reemplazo del brasileño; y los resultados están ahí: al margen del título de Europa League y de Supercopa de Europa con el Atlético (titular en ambos encuentros, por cierto) Lucas se proclama campeón del mundo con su selección, como lateral izquierdo (cuestión nada baladí, cuando no es su posición ‘original’), siendo titular indiscutible y siendo reconocido por la prensa como uno de los mejores en su posición.

La pregunta es inevitable: ¿hubiese cambiado algo, tanto para uno como otro hermano, si Theo hubiese vuelta a la disciplina atlética en el verano de 2017?

Feyenoord 2018/19: manteniendo el bloque y la apuesta

Arranca una nueva temporada el Feyenoord de Rotterdam de la mano del exjugador Giovanni van Bronckhorst (cuarta campaña al frente del equipo); y lo hace con pocas novedades con relación al bloque que se clasificase cuarto en la temporada 2017/18.

El esquema de partida será ese 4-3-3 intrínsecamente ligado al fútbol holandés desde tiempos inmemoriales; un esquema, en el caso del Feyenoord con pocas (o ninguna) variante ni en defensa (4 hombres en línea) ni en ataque (dos extremos por bandas y un delantero de referencia). La única licencia táctica que se permite van Bronckhorst, al menos, como esquema táctico de salida es como posicionar a los componentes del mediocampo, en función de si busca un modelo más ofensivo o más defensivo: en el primero opta por un único pivote defensivo acompañado de dos interiores mientras que en el segundo opta por un doble pivote más conservador con un tercer hombre más adelantado que ejerce labores de enganche con los tres de arriba. (Toornstra, habitualmente).

Si hablamos de futbolistas relevantes, hemos de fijarnos en varios aspectos. El primero de ellos, la pérdida del veterano marroquí Karin El Ahmadi quien, tras cuatro años en Rotterdam, ha decidido apurar los últimos anos de su carrera en Arabia. Desde su posición de mediocentro, era el auténtico soporte del equipo. Para reemplazarle, he llegado, aunque en condición de cedido desde el Southampton, un viejo conocido de la afición de De Kuip: Jordi Clasie; el hijo prodigo que regresa tras un no excesivamente exitoso periplo en Inglaterra, cesión incluida en el Brujas. Clasie firmo por The Saints en el verano de 2015 por quince millones de Euros con vitola de gran jugador. Sin embargo, nunca llegó a cuajar en Inglaterra, hasta el punto de que el Southampton le ha cedido las dos últimas campañas. Si recupera el nivel y siempre que van Bronckhorst se decida por un doble pivote, debería ser el acompañante de Tonny Vilhena (seis años ya en el primer equipo, pese a sus apenas 23 de edad) en el mismo.

Otro nombre propio en el mediocampo es el marroquí Yassin Ayoub, quien llega libre procedente del Utrecht donde, tras llegar del Ajax Youth con apenas quince años y haber recorrido todas sus categorías inferiores, ha jugado las seis últimas campañas. Un jugador, Ayoub, de muy toque, muy técnico y que puede desempeñarse tanto de medio centro, como de interior como, incluso, en un costado si van Bronckhorst decidiese, en algún partido, jugar con una línea de cuatro en el medio del campo.

Y, para la delantera, cuatro nombres propios que se mantienen con relación al año pasado: los rapidísimos Berghuis (por derecha) y Boetius (por izquierda), como auténticos puñales por ambos extremos y el danés Nicolai Jorgensen como punta de lanza; todo ello con el complemento del mítico Robin van Persie quien, tras su periplo de 14 años por Arsenal, Manchester United y Fenerbahce, volvió ‘a casa’ el invierno pasado y quien parece pueda estar en su última temporada antes de la retirada.

Robin van Persie, ante la que probablemente sea su ultima temporada en activo

Robin van Persie, ante la que probablemente sea su ultima temporada en activo (Foto: feyenoord.com)

Y, siguiendo con la delantera, dos nombres propios más: el sueco Sam Larsson, principal de reemplazo de Berghuis o Boetius y una adquisición a seguir ‘con lupa’, Luis Sinisterra, colombiano de 19 años, por quien el Feyenoord acaba de desembolsar dos millones Euros al Once Caldas.

Y en defensa, dos bajas notables: la de Kevin Diks, que ha vuelto a la Fiorentina tras su cesión la pasada campaña y en la fue el dueño indiscutible del lateral derecho y la del experimentado portero Brad Jones. Para sustituir a Diks y a tenor de lo visto en los partidos de pretemporada, parece van Bronckhorst optara por recolocar a un central, Jeremiah St. Juste, en esta posición. Para el centro de la defensa y tras los graves problemas sufridos en forma de lesiones durante toda la campaña pasada, los holandeses van Beek y van der Heijden y el brasileño Botteghin se repartirán las dos plazas en el centro de la defensa, dejando el lateral zurdo para Malacia mientras no se recupere el indiscutible Haps.

Justin van Bilow parece estar ganando la carrera de la porteria

Justin Bilow parece estar ganando la carrera de la porteria (Foto: feyenoord.com)

Y para cubrir la baja de Jones en la meta, dos jóvenes holandeses, 20 años contemplan a cada uno: Justin Bilow y Ramon ten Hove. Importante papel tendrá en el crecimiento de ambos, si logra recuperarse de su lesión en el tendón de Aquiles el veterano Kenneth Vermeer quien, tras la baja de Jones, de regresado este verano tras su cesión al Brujas belga.

En resumen, un bloque que se mantiene con relación al del pasado no, dos o tres bajas notables (Jones, Diks o El Ahmadi) y dos incorporaciones a las que seguir muy de cerca: Sinisterra y Ayoub.

Se va Kevin Gameiro; llega Nikola Kalinic

Tras unas semanas de rumores e incertidumbres, por fin se hizo oficial quien jugará en el Atlético de Madrid el rol de delantero centro suplente (de Diego Costa): una vez el francés Kevin Gameiro no había dado el rendimiento que se esperaba cuando se le ficho hace dos años, el club rojiblanco se ha puesto ‘manos a la obra’ y ha cerrado la contratación del croata Nikola Kalinic.

Y, aunque todo fichaje tiene sus ‘pros’ y sus ‘contras’, no ha resultado, para la parroquia rojiblanca, el del croata el más ilusionante de todos los realizados este año. Si volvemos un poco la vista atrás, tras la marcha de Diego Costa (y antes de su regreso) y el fracasado ‘experimento’ de Mario Mandzukic, el Atlético buscó un delantero que, salvando las distancias, pudiese hacer aquello que era la máxima expresión del hispano-brasileño: desmarcarse al espacio para, así, poder servirle balones en largo y, ya fuese por finalización directa o mediante asistencia a un compañero que llegase desde atrás, montar efectivos y rápidos contrataques que encontrasen descolocada a la defensa rival.

Y resulta palmario que Gameiro no ha cumplido con las expectativas que se tenían sobre el: no solo no ha sido capaz de cumplir ese rol que se esperaba de él de desmarcarse al espacio y hacer el equipo ‘muy largo’ en ataque para que pudiesen incorporarse compañeros de segunda línea sino que ha sido incapaz de asumir el tremendo salto que sigue existiendo entre jugar en el Sanchez Pizjuán y hacerlo en el Metropolitano y se ha mostrado tremendamente fallón en el remate y muy lejos del nivel que debe dar un delantero del Atlético de Madrid, aunque sea el secundario.

No obstante, y haciendo un poco de abogado del diablo y aunque no todo en la vida sean los goles pero porque creo es de justicia, quisiera dejar constancia aquí del rendimiento (medido en goles por minuto de Liga disputado) de Gameiro y los delanteros que le han acompañado en su aventura de dos años en el Atlético así como del de Mario Mandzukic en su única temporada en el Vicente Calderón:

Mario Mandzukic en la temporada 2014/15 (Liga): 12 goles en 1.941 minutos (1 gol cada 161 minutos)

Kevin Gameiro en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 19 goles en 2.835 minutos (1 gol cada 149 minutos)

Fernando Torres en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 13 goles en 2.381 minutos (1 gol cada 183 minutos)

Antoine Griezmann en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga):  35 goles en 5.597 minutos (1 gol cada 159 minutos)

Ángel Correa en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 12 goles en 3.473 minutos (1 gol cada 289 minutos, si bien es cierto que el argentino ha partido, en la mayoría de los encuentros, del medio del campo)

Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Y a rey muerto, rey puesto. El croata Nikola Kalinic acaba de incoporarse a la disciplina atlética para reforzar una posición de ataque un tanto coja tras las salidas, no solo de Gameiro, sino tambien de Fernando Torres. Si comparamos a Kalinic con sus predecesores Gameiro y Mandzukic, tiene Kalinic cosas muy de ambos: juega bastante bien al espacio (aunque no es tan profundo, en ese sentido, como Gameiro); sabe controlar la pelota de espaldas a la meta contraria y aguantarla hasta la llegada de sus compañeros (en ese sentido, muy estilo Mandzukic, pero muy mejorado ya que estamos, posiblemente, ante la mayor virtud de Kalinic), va muy bien por alto, dispara con ambas piernas, sabe caer a banda y, muy probablemente, tenga bastante más capacidad combinativa que cualquiera de sus predecesores.

¿Defectos? Dos, principalmente: le falta gol (en ese sentido, es un delantero ‘aseado’, diez o quince goles por campaña siendo titular habitual; pero no puede ser el delantero de referencia de un equipo que aspire a todo) y no es el jugador más disciplinado del mundo… ni el mayor apóstol del ‘equipo por encima de todo’; a ver como ‘mezcla’ esto con Simeone. O a ver como el argentino gestiona esto.

Tras cuatro años en Rusia (en el Dnipro, en concreto), ha protagonizado las tres últimas campanas de la Serie A: las dos primeras en la Fiorentina y la última, en el AC Milan. Cuajo dos notables campanas en Florencia (12 y 15 goles en Liga, respectivamente) y, como resumen de todas sus características como jugador, cabe decir que, en su primera campaña como viola, el máximo artillero del equipo fue el mediapunta Josip Iliciic, hoy en el Atalanta.

Nikola Kalinic, la temporada pasada con el AC Milan

Nikola Kalinic, la temporada pasada con el AC Milan (Foto: gettyimages.com)

De la temporada pasada, en el AC Milan, pocas conclusiones pueden sacarse: fue víctima de la enorme irregularidad e inestabilidad que acompañaron al equipo (cambio de entrenador incluido) y su rendimiento así lo reflejo: apenas seis goles en 31 encuentros de Liga disputados.

Como conclusión: lo que busca el Atlético con Kalinic es que los días que falta Diego Costa seguir teniendo arriba un delantero de referencia que, aunque no aporte mucho gol, sea capaz de ‘fijar’ a las defensas y sacar a los centrales de las zonas donde se sienten cómodos para permitir la llegada en ventaja de tanto de Griezmann como de los Koke, Saúl, Correa o Lemar… todos ellos, con notable llegada a gol. Partiendo de esta premisa, si Simeone consigue aplacar sus salidas de tono y recuperar al jugador del bienio 2015/17 de la Fiorentina, el croata puede aportar cosas muy interesantes.

Y una última reflexión: Si el Real Madrid tiene como delantero suplente a Borja Mayoral y el Barcelona a Paco Alcacer y mereciéndome ambos dos el mayor de los respetos, ¿de verdad podía optar el Atlético a tener a Edinson Cavani como ‘9’ de reemplazo? ¿No estará una parte de la afición rojiblanca cayendo en vicios de ‘nuevo rico’?