Archivo de la categoría: Atlético de Madrid

El Atletico, eliminado de la Copa del Rey por el Girona

Girona, un modelo de gestión y un talón de Aquiles como esquema

NOTA PREVIA: Escribi esto, hace algunos dias, para @lavidaenrojiblan. Aunque, obviamente, fallan algunas referencias temporales, esta de plena actualidad.

Con el modelo organizativo de Copa del Rey que se viene siguiendo en los últimos años – parece que Rubiales tiene, al fin, firme voluntad de cambiarlo para hacerlo más atractivo -, los equipos clasificados para competiciones europeas se juegan todo en jornadas intersemanales entre enero y principios de febrero, donde se juegan octavos, cuartos y, al menos, la ida de semifinales. Estos equipos entran en competición entre noviembre y diciembre, con el enfrentamiento de dieciseisavos de final que les enfrenta a un conjunto de Segunda B o Tercera División, y a doble vuelta, lo que suele devenir en un trámite sin más interés que la historia visita de un ‘grande’ a un estadio de las citadas categorías.

Pasado este trámite, el interés (si puede seguir considerándose así la Copa disputada con rondas de ida y vuelta) comienza en la eliminatoria de octavos de final con enfrentamientos, en su mayoría, entre equipos de Primera división, solo aderezado con algún equipo de inferior categoría que pueda colarse en este ronda, ya sea dando la sorpresa (rara) de eliminar a un Primera, ya sea vía un sorteo amable que le haya emparejado con otro equipo de Segunda (es el caso del Sporting de Gijón en esta campaña); el modelo descrito deja poco espacio para más alternativas en la competición. Poderoso caballero es Don Dinero y la presión de los grandes, que se vieron en no pocas ocasiones apeados de la competición, a las primeras de cambio, de forma (casi) humillante, ante equipos de una, dos o hasta tres categorías inferiores, es demasiado fuerte. O lo era hasta ahora.

Y, en esta Copa del Rey 2018/19, al Atlético le ha correspondido enfrentarse, en su primera eliminatoria ‘retadora’ al Girona. Así, por nombre, por presupuesto, por trayectoria (apenas un año y medio en Primera División en su historia; el actual periodo, tras su ascenso al final de la campaña 2016/17) pareciera un rival sencillo. Pero habrá de andarse el Atlético de Simeone con mucho cuidado; y el aficionado medio ser (algo) menos optimista, vistos los precedentes: en los tres enfrentamientos acaecidos hasta la fecha en Primera división, el Atlético no ha sido capaz de doblegar al Girona: empate a 2 en el partido inagural de la Liga 2017/18 (dos goles de Stuani para el Girona, compensados por otros dos Correa y Giménez a última hora), empate a uno en la devolución de visita en el Metropolitano (Griezmann y Portu) y otro empate a 1 en Montilivi hace escasas semanas y ya en esta campaña 2018/19 (Stuani para los locales y otro punto salvado a última hora, con gol en propia meta de Ramalho).

Y, al margen de la circunstancia puntual (o no tanto) de que al Atlético se le atragante el Girona, lo cierto es que el desempeño del Girona en su trayectoria en la elite del futbol español está poniendo ‘en el candelero’ un modelo de gestión excelente desde su adquisición por parte del grupo ‘TVSE futbol’ allá por abril de 2015. Su primer objetivo fue sacar al club del concurso de acreedores en el que llevaba inmerso casi dos años; hecho que logro pocos días después de hacerse con el control del club.

Su segunda decisión de calado fue situar al gerundense (y titular indiscutible del Atlético del mítico doblete 1995/96) como presidente de la entidad; y la tercera, en el plano puramente deportivo, apostar para el banquillo por un Pablo Machín que venía realizando un excelente trabajo desde que se hiciese cargo del club en marzo de 2014: en aquellos pocos meses de temporada 2013/14, salvó al equipo del descenso (lo cogió como colista), sumando 21 puntos de 39 posibles. En la siguiente campana, 2014/15, con el segundo presupuesto más bajo de la categoría, perdió la opción de ascenso directo en la última jornada -al empatar con el Lugo y en favor del Sporting- y perdió la promoción de ascenso frente al Zaragoza por el valor doble de los goles en campo contrario.

Mantenido Machín, pese al cambio accionarial y directivo en la entidad, el futbol volvió a demostrar que cuando se mantiene una idea, aunque ésta no tengo porque ser excelsa, los frutos suelen acabar llegando: en la campaña 2015/16, el Girona se sobrepuso a una nefasta primera vuelta (la concluyó rozando los puestos de descenso) para acabar la temporada en cuarta posición y, por tanto disputando la promoción de ascenso a Primera: elimino al Córdoba en la primera ronda pero caería ante Osasuna en la ronda final.

Y el culmen al trabajo bien hecho, al modelo, a la idea, llegaría en la campaña siguiente donde, tras un comienzo algo irregular, se alzaría con la segunda plaza y, por tanto, con derecho directo al ascenso por primera vez en su historia.

Con una mucho más que meritoria décima posición en su debut en la máxima categoría del futbol español, el Girona vio el verano pasado como perdía a uno de los pilares de su excelente trayectoria en los años anteriores: su entrenador hablo Machín aceptaba una oferta del Sevilla, dejando al equipo sin referencia en el banquillo.

Y el elegido por Delfí Geli para sustituirle fue otro hombre con pasado atlético; aunque un tanto breve: Eusebio Sacristán. Eusebio pasó por el Atlético en la campaña 1987/88, primera de Jesús Gil como presidente atlético. Empezó aquel año (no es una idea original de Miguel Angel Gil, viene de mucho más atrás) la ‘agencia de compra de jugadores’ (Futre, Eusebio, López-Ufarte, Juan Carlos, Parra, Marcos Alonso, Goikoetxea… llegaron aquella primera campaña al Calderón) y, a la campaña siguiente, comenzó la ‘agencia de venta de jugadores’ (Alemao, López-Ufarte, Julio Salinas, el propio Eusebio, además de los ‘damnificados’ Landaburu, Quique Ramos, Quique Setien…). El vallisoletano Eusebio fue traspasado, junto con Salinas, a un Barcelona que acababa de reclutar al mítico Cruyff como entrenador; y se convertiría, durante siete años, en una de las referencias clave del mediocampo del llamado Dream Team.

Tras una primera experiencia como colaborador de Frank Rijkaard (otro destacado miembro de la escuela holandesa) y antes de recalar en el Girona este pasado verano, Eusebio dirigió a Celta (marzo 2009 – junio 2010), Barcelona B (junio 2011 – febrero 2015) y Real Sociedad (noviembre de 2015 a marzo de 2018).

Jugador de clase innata, madurado bajo el impagable talento de Cruyff como director técnico, aplica el Eusebio entrenador todo lo aprendido en can Barca; pero también aderezado con sus propias ideas y la flexibilidad en la táctica, si la situación lo requiere. Y este Girona es un gran ejemplo de ello. De la escuela holandesa (y de su propia idiosincrasia como jugador, todo hay que decirlo) aprendió Eusebio el gusto por el futbol de toque, de posesión, de ataque… que ha venido plasmando en todos sus equipos. En la Real Sociedad, su última experiencia antes de la actual solía estructurar al equipo en un 4-3-3 (una apuesta ofensiva, pero con una versión algo más conservadora que el 3-4-3 de su ‘maestro’ Cruyff) …

Cuando llego a Girona, trato de implementar el mismo sistema, pero, vistos los resultados, fue capaz de rectificar ‘sobre la marcha’; detalle de notable entrenador (aunque un sector de la parroquia atlética le tengo una cierta tirria por ciertas declaraciones no muy afortunadas): un 4-3-3 y un 4-3-2-1 en sus dos primeros partidos de Liga, frente a Valladolid y Real Madrid, ambos en casa y con el pírrico balance un empate a 0 frente a los castellanos y una derrota por uno a cuatro ante los madridistas.

Y es que la (excelente) sombra de Pablo Machín, y su defensa de tres, es muy alargada en Girona. Y Eusebio mutó; y trató de adaptar sus ideas al sistema conocido hace años por el club y los jugadores (ya sea con un 3-4-1-2 o con un 3-4-2-1 como esquema de partida); y los resultados no se hicieron esperar: dos victorias consecutivas, frente a Villareal y Celta pusieron al equipo en la línea que le ha permitido llegar a la decimoctava jornada de LaLiga  en novena posición, con un notable ‘colchón’ sobre los puestos de descenso y a ‘tiro de piedra’ de los puestos que dan acceso a competiciones europeas.

Dicho todo lo cual bien haría este Atlético en no fiarse, en absoluto, de este Girona. Al margen de la impecable gestión de su rival en estos octavos de final de la Copa del Rey, al margen de los precedentes en Liga de la última campaña y media, hay otro dato menos objetivo, tal vez, pero también empíricamente comprobable si uno acude a la hemeroteca: el Atlético de Simeone que, lleva siete años sabiendo plantar cara a los más grandes (económicamente) del continente, tiene su talón de Aquiles en equipos con defensa de tres. Y el Girona es, desde hace varios años, un prototipo perfecto de este esquema. Tal vez, si profundizásemos en este hecho, no resultasen tan sorprendentes los tres empates consecutivos obtenidos frente al Girona en Liga. Pero eso merecería un artículo aparte; por el momento, centrémonos en tratar de eliminar al Girona para acceder a los cuartos de final de la campana 2018/19.

Los co-lores(jones) por encima del dolor

Pocas secuencias futbolísticas tan impactantes ha visto uno en su vida como la de José María Giménez llorando en los últimos minutos del encuentro de cuartos de final del pasado Mundial de Rusia entre Uruguay y Francia; Uruguay perdía por dos tantos a cero y el Comandante sabía que su selección estaba fuera del Mundial. Y cuando se cita, en la frase anterior, ‘llorando’, no es una forma de hablar, es textual; la televisión captó las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Jamás se había visto algo similar con un encuentro sin finalizar.

La imagen habla por si sola (Foto: youtube.com)

Es el carácter uruguayo (argentino, también). Es el dejarse ‘la vida’ por tus colores, sean a nivel de selección o de equipo. Es el luchar como si no hubiese un mañana. Es el anteponer los intereses de tu equipo a los tuyos personales. Es… la misma vida, para quien quiera entenderla como se debería. Y el pasado sábado, viendo la demostración de carácter de Diego Godín, uno no pudo evitar idolatrar al ‘Faraón’, una vez más, y rememorar las imágenes del Comandante (otro uruguayo) en aquel Francia – Uruguay del Mundial.

Godín estaba roto. Él lo sabía. Ha reconocido estará casi un mes de baja. El Atleti había ido perdiendo la mayor parte del partido. Simeone, pocos minutos antes de romperse Godín, había quitado a Montero (gran proyecto de central) para meter a Gelson Martins. No quedaban más centrales sobre el campo. Lucas, Giménez y Savic ni siquiera habían podido ser parte de la convocatoria. Pero Godín, sea decisión propia o de Simeone, no abandonó el campo, como cualquier otro hubiese hecho estando roto. Un uruguayo jamás deja a su equipo con 10.

Y Godín, roto, lesionado, se situó en la punta del ataque. Para que, aunque sin poder moverse mucho, el contrario tuviese un elemento más del que preocuparse. Y desde ahí siguió luchando, mandando, dejándose la piel, como siempre ha hecho por esta camiseta.

Y, en el 93, ese minuto fatídico para el Atlético en alguna que otra ocasión, llegó el premio. En un ‘deja vu’ de aquella remontada del mítico Juan Carlos Arteche frente al Betis en noviembre del 83, Diego Godín estiró su pierna para enviar a la red una prolongación de Griezmann. Como dice el gran @jorgecrespocano, también era noviembre, también llovía en Madrid, también supuso la victoria, también salió del campo lesionado… ¿Le está saliendo bigote a Godín?

Victoria clave, por muchas razones. Desde un punto de vista exclusivamente ‘de clasificación’, porque permite al Atlético no distanciarse mucho del Barcelona, al que recibe el próximo 24 de noviembre, justo después de las jornadas de selecciones (odio la palabra ‘parón de selecciones”). Desde el punto de vista de la moral, porque vuelve a poner de manifiesto aquella gran frase de Simeone “no me preocupan los partidos grandes porque esos partidos son a morir… y, a morir, los míos mueren” (por cierto, quien no lo haya hecho, que busque en YouTube el documental “Asado Reservado”; puro Simeone). Y desde un punto de vista estructural, de club, porque cuentan las crónicas y los conocidos (desgraciadamente uno vive en Francia y no puede vivirlo) que fue una de las primeras veces que el Metropolitano (me niego a lo del Wanda, aunque sea muy moderno y muy cool) alcanzó una comunión con el equipo, que lo llevó en volandas a victoria. Jamás será el Vicente Calderón; pero entre todos debemos (y vamos a) lograr sea también mítico en la historia de este club.

Pero, por encima de todo, Diego Godín. Carácter uruguayo; orgullo charrúa. Los co-lores(jones) por encima del dolor.

Breve historia de los Hernández

Los más jóvenes no lo recordarán, pero Jean-François Hernández fue un sobrio y fornido central francés que militó en el Atlético de Madrid en la infausta temporada 2000/01; infausta porque el Atlético había de competir en la Segunda división y más infausta todavía, si cabe, porque no se lograría en retorno a Primera ‘a las primeras de cambio’ como hubiera sido deseable, razonable y, sobre todo, exigible.

De origen español (su apellido le delata), nació en la localidad francesa de Tours (23 de abril de 1969) y comenzó su carrera futbolística en el Toulouse, donde permaneció 6 años, hasta 1994. Una temporada en el Sochaux y casi tres en el Olympique de Marsella fueron la antesala de su llegada a España. Pero, antes de repasar su salto al futbol español, detengámonos en un hecho fundamental para esta historia: durante su estancia Marsella, nacieron sus dos hijos varones, fruto de su matrimonio con la francesa Laurence Py: Lucas Hernández (14 de febrero de 1996) y Theo Hernández (6 de octubre de 1997).

Jean-Francois Hernández llegaría a España de la mano de la SD Compostela mediada la temporada 1997/98. Permanecería allí apenas unos pocos meses, yéndose nadie sabe muy bien porqué y desembarcando en el Rayo Vallecano, donde hizo, durante dos campañas, una pareja de centrales inolvidable con Diego Cota, el eterno capitán rayista.

Tras dos campañas allí, el Atlético de Madrid, recién descendido a Segunda, decidió que, para volver a Primera, había que huir de la calidad como tal y que era mejor apostar por jugadores sobrios, duros… La renovación fue absoluta; y para muestra un botón: en el centro de la defensa, solo permaneció Santi Denia, marchándose el argentino Jose Chamot y los paraguayos Ayala y Gamarra (¿La mejor pareja de centrales del mundo???!!!) Y así llego al Calderón el primer Hernández de esta historia. Aunque tuvo ciertos momentos brillantes, su temporada no puede calificarse, ni mucho menos, de destacada; ni en colectivo, ni en lo personal: las lesiones y la competencia (llegarían aquel año, como reemplazo de los sudamericanos, Ivan Amaya – también del Rayo-, el argentino Juan Gomez -mediocentro procedente de la Real Sociedad, pero que acabaría jugando de central y el bosnio Mirsad Hibic) hicieron que no jugase ni la mitad de los partidos.

Jean-François Hernández, junto con un jovencísimo Fernando Torres (Foto: scoopnest.com)

Volvería, en el verano de 2001, al Rayo Vallecano, donde se retiraría un año más tarde. Pero no se retiró solo del futbol; se ‘retiró’ también de su familia: abandonaría a su mujer y a sus dos hijos pequeños Theo y Lucas (con 5 y 6 años, respectivamente) para irse con la televisiva Sonia Moldes.

Y Theo y Lucas quedaron afincados en Madrid con su madre; en la localidad de Majadahonda, en concreto. Y, años más tarde, comenzaron a exhibir sus habilidades futbolísticas en el equipo local. Habilidades tales que hicieron que Theo, en primer lugar, fue llamado por el Atlético de Madrid para realizar una prueba a fin de tantear su posible incorporación al equipo rojiblanco. Cuenta su propia madre, Laurence Py, que el día de la prueba de Theo, no tenía con quien dejar a Lucas por lo que se lo llevo a la prueba. Y, durante la prueba, Lucas se puso a jugar con un balón en la banda, llamando también la atención de los ojeadores del Atlético. Resultado: ambos fueron incorporados a las categorías inferiores del Atlético de Madrid.

A partir de ahí, la historia es ya más visible para el gran público: ambos fueron gestándose como dos grandes proyectos de futuro y todo hacía indicar que, de no truncarse nada, los dos llegarían a ser piezas importantes en el Atlético de Madrid. Sin embargo, mientras iban gestándose estos proyectos de futbolistas, con trayectorias casi gemelas, empezaron a surgir diferencias en sus trayectorias, voluntarias o involuntarias, casuales o causales.

A nivel de club, Lucas llegó antes a debutar en Primera División: seria con el Atlético, el 3 de diciembre de 2014, en un encuentro de Copa del Rey ante L’Hospitalet, convirtiéndose en miembro de pleno derecho de la primera plantilla atlético en el verano de 2015. Y aquí sigue… teniendo cada día más y más protagonismo en el primer equipo rojiblanco.

Theo, seguramente debido al año de diferencia que les separa (y puede que a otras cuestiones), llegaría al final de esa temporada 2015/16 al primer filial del Atlético. A partir de ahí, las cosas se desarrollaron muy rápido para el menor de los Hernández: debut con el filial, algunas convocatorias con el primer equipo, pretemporada 2016/17 a la ordenes de Diego Pablo Simeone… y cesión al Alavés.

Temporada espectacular en el equipo vitoriano que hizo que, atraído por los cantos de sirena y los millones que llegaban de Concha Espina, rompiese con todo su pasado rojiblanco y cambiase de acera, camino del Bernabéu, en el verano de 2017. Fracaso absoluto en su primera temporada como merengue, críticas a mansalva (seguramente, más que merecidas) y cesión a la Real Sociedad en esta campaña 2018/19

A nivel de selección, ambos se decantaron, al menos, en un principio, por la francesa, la del país que les vio nacer (aunque no les haya criado). Theo recorrió los escalones de la sub-18, sub-19 y sub 20 pero nunca llego a debutar con la sub-21; de hecho, fue convocado y no llegó a presentarse. Hay quien dice su idea era jugar con la española. A día de hoy, huelga decirlo, su convocatoria con cualquier de las dos resulta una absoluta quimera.

Lucas, por su parte, recorrió todos los escalones inferiores: sub-16, sub-18, sub-20 y sub-21. Y sus notables actuaciones tanto en el Atlético de Madrid como en las categorías inferiores de la selección francesa, provocaron la llamada de Didier Deschamps para la selección absoluta en marzo de 2018. También hay quien dice que él hubiera preferido jugar con la española (habría que ver si la normativa FIFA lo hubiese permitido) pero la llamada de Deschamps inclino la balanza.

Lucas Hernández, campeón del mundo con Francia el pasado verano (Foto: as.com)

Lo que vino después puede considerarse como un cuento de hadas, el sueño máximo de un niño que aspira a ser alguien dentro del mundo del fútbol: apenas pocos meses después, entra en la lista definitiva de la selección francesa para el Mundial de Rusia 2018 y se proclama campeón del mundo con apenas 22 años.

Si volvemos la vista atrás y reflexionamos, nos daremos cuenta el verdadero punto de inflexión de las trayectorias de los dos hermanos está en el verano de 2017; aquel en el que Theo, tras su cesión en el Alavés, decide no regresar a la disciplina del Atlético de Madrid (de hecho, no ha llegado a debutar con el primer equipo) e irse al Real Madrid, con los resultados conocidos hasta el momento.

Theo es un lateral izquierdo puro, mientras que Lucas es (o era) un central que puede acomodar su posición, de manera más que notable, al lateral izquierdo. Filipe Luis empieza a tener ya una cierta edad (no está para jugar dos partidos por semana, reconocido por el mismo) y tiene una cierta tendencia a las lesiones. Sin la clara alternativa que podría haber resultado Theo, Simeone decide seguir apostando por Lucas como reemplazo del brasileño; y los resultados están ahí: al margen del título de Europa League y de Supercopa de Europa con el Atlético (titular en ambos encuentros, por cierto) Lucas se proclama campeón del mundo con su selección, como lateral izquierdo (cuestión nada baladí, cuando no es su posición ‘original’), siendo titular indiscutible y siendo reconocido por la prensa como uno de los mejores en su posición.

La pregunta es inevitable: ¿hubiese cambiado algo, tanto para uno como otro hermano, si Theo hubiese vuelta a la disciplina atlética en el verano de 2017?

Se va Kevin Gameiro; llega Nikola Kalinic

Tras unas semanas de rumores e incertidumbres, por fin se hizo oficial quien jugará en el Atlético de Madrid el rol de delantero centro suplente (de Diego Costa): una vez el francés Kevin Gameiro no había dado el rendimiento que se esperaba cuando se le ficho hace dos años, el club rojiblanco se ha puesto ‘manos a la obra’ y ha cerrado la contratación del croata Nikola Kalinic.

Y, aunque todo fichaje tiene sus ‘pros’ y sus ‘contras’, no ha resultado, para la parroquia rojiblanca, el del croata el más ilusionante de todos los realizados este año. Si volvemos un poco la vista atrás, tras la marcha de Diego Costa (y antes de su regreso) y el fracasado ‘experimento’ de Mario Mandzukic, el Atlético buscó un delantero que, salvando las distancias, pudiese hacer aquello que era la máxima expresión del hispano-brasileño: desmarcarse al espacio para, así, poder servirle balones en largo y, ya fuese por finalización directa o mediante asistencia a un compañero que llegase desde atrás, montar efectivos y rápidos contrataques que encontrasen descolocada a la defensa rival.

Y resulta palmario que Gameiro no ha cumplido con las expectativas que se tenían sobre el: no solo no ha sido capaz de cumplir ese rol que se esperaba de él de desmarcarse al espacio y hacer el equipo ‘muy largo’ en ataque para que pudiesen incorporarse compañeros de segunda línea sino que ha sido incapaz de asumir el tremendo salto que sigue existiendo entre jugar en el Sanchez Pizjuán y hacerlo en el Metropolitano y se ha mostrado tremendamente fallón en el remate y muy lejos del nivel que debe dar un delantero del Atlético de Madrid, aunque sea el secundario.

No obstante, y haciendo un poco de abogado del diablo y aunque no todo en la vida sean los goles pero porque creo es de justicia, quisiera dejar constancia aquí del rendimiento (medido en goles por minuto de Liga disputado) de Gameiro y los delanteros que le han acompañado en su aventura de dos años en el Atlético así como del de Mario Mandzukic en su única temporada en el Vicente Calderón:

Mario Mandzukic en la temporada 2014/15 (Liga): 12 goles en 1.941 minutos (1 gol cada 161 minutos)

Kevin Gameiro en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 19 goles en 2.835 minutos (1 gol cada 149 minutos)

Fernando Torres en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 13 goles en 2.381 minutos (1 gol cada 183 minutos)

Antoine Griezmann en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga):  35 goles en 5.597 minutos (1 gol cada 159 minutos)

Ángel Correa en las temporadas 2016/17 y 2017/18 (Liga): 12 goles en 3.473 minutos (1 gol cada 289 minutos, si bien es cierto que el argentino ha partido, en la mayoría de los encuentros, del medio del campo)

Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Y a rey muerto, rey puesto. El croata Nikola Kalinic acaba de incoporarse a la disciplina atlética para reforzar una posición de ataque un tanto coja tras las salidas, no solo de Gameiro, sino tambien de Fernando Torres. Si comparamos a Kalinic con sus predecesores Gameiro y Mandzukic, tiene Kalinic cosas muy de ambos: juega bastante bien al espacio (aunque no es tan profundo, en ese sentido, como Gameiro); sabe controlar la pelota de espaldas a la meta contraria y aguantarla hasta la llegada de sus compañeros (en ese sentido, muy estilo Mandzukic, pero muy mejorado ya que estamos, posiblemente, ante la mayor virtud de Kalinic), va muy bien por alto, dispara con ambas piernas, sabe caer a banda y, muy probablemente, tenga bastante más capacidad combinativa que cualquiera de sus predecesores.

¿Defectos? Dos, principalmente: le falta gol (en ese sentido, es un delantero ‘aseado’, diez o quince goles por campaña siendo titular habitual; pero no puede ser el delantero de referencia de un equipo que aspire a todo) y no es el jugador más disciplinado del mundo… ni el mayor apóstol del ‘equipo por encima de todo’; a ver como ‘mezcla’ esto con Simeone. O a ver como el argentino gestiona esto.

Tras cuatro años en Rusia (en el Dnipro, en concreto), ha protagonizado las tres últimas campanas de la Serie A: las dos primeras en la Fiorentina y la última, en el AC Milan. Cuajo dos notables campanas en Florencia (12 y 15 goles en Liga, respectivamente) y, como resumen de todas sus características como jugador, cabe decir que, en su primera campaña como viola, el máximo artillero del equipo fue el mediapunta Josip Iliciic, hoy en el Atalanta.

Nikola Kalinic, la temporada pasada con el AC Milan

Nikola Kalinic, la temporada pasada con el AC Milan (Foto: gettyimages.com)

De la temporada pasada, en el AC Milan, pocas conclusiones pueden sacarse: fue víctima de la enorme irregularidad e inestabilidad que acompañaron al equipo (cambio de entrenador incluido) y su rendimiento así lo reflejo: apenas seis goles en 31 encuentros de Liga disputados.

Como conclusión: lo que busca el Atlético con Kalinic es que los días que falta Diego Costa seguir teniendo arriba un delantero de referencia que, aunque no aporte mucho gol, sea capaz de ‘fijar’ a las defensas y sacar a los centrales de las zonas donde se sienten cómodos para permitir la llegada en ventaja de tanto de Griezmann como de los Koke, Saúl, Correa o Lemar… todos ellos, con notable llegada a gol. Partiendo de esta premisa, si Simeone consigue aplacar sus salidas de tono y recuperar al jugador del bienio 2015/17 de la Fiorentina, el croata puede aportar cosas muy interesantes.

Y una última reflexión: Si el Real Madrid tiene como delantero suplente a Borja Mayoral y el Barcelona a Paco Alcacer y mereciéndome ambos dos el mayor de los respetos, ¿de verdad podía optar el Atlético a tener a Edinson Cavani como ‘9’ de reemplazo? ¿No estará una parte de la afición rojiblanca cayendo en vicios de ‘nuevo rico’?

Santiago Arias, Vrsalkjo … (y Sidibé)

Cambio de cromos en el Atlético para el lateral derecho: de Sime Vrsalkjo a Santiago Arias. El croata parte hacia el Inter de Milan en una operación de cesión con opción de compra (aunque uno cree que esto de las opciones de compra son ‘papel mojado’) y el colombiano llega a la capital de España desde el PSV Eindhoven donde ha jugado los últimos cinco años.

Y el Atlético sale ganando con el cambio. Y no porque Vrsalkjo no tenga condiciones, que las tiene y muchas; sino porque es un jugador que, para rendir, necesita estar absolutamente centrado en sí mismo y en el equipo… se supone que como a cualquier otro jugador, pero esto, al croata, en los dos años que lleva en el Atlético y salvo momentos muy puntuales solo le ha ocurrido…. en la selección croata!!! Y esto te penaliza en cualquier equipo pero máxime en uno dirigido por Diego pablo Simeone, en el que la implicación y tener ‘los cinco sentidos’ puestos en el terreno de juego es condición imprescindible para tener una cierta continuidad en el juego.

Decían no sabía defender, decían dejaba muchos huecos a sus espalada cuando subía a atacar; pero todo ello parece más fruto de las mencionadas faltas de concentración e implicación que de una carencia técnica y/o táctica propiamente dicha. Sobre todo, porque el Vrsalkjo de la selección croata y de la mayoría de partidos de sus dos temporadas en el Sassuolo, 2014/15 y 2015/16, es un futbolista absolutamente diferente; para los no iniciados en el futbol italiano, me remito a su Eurocopa de 2016 y a su Mundial de 2018.

Y llega Santiago Arias para sustituirle como competencia de Juanfran en el lateral derecho de Simeone: un jugador fuerte, con buena llegada al área contraria, con un notable sentido táctico y con siete años ya de experiencia en Europa (dos en el Sporting de Portugal y los cinco citados en Holanda), pese a sus escasos 26 años. Un jugador con carácter, un jugador que ya he declarado que sabe que viene a la ‘guerra’ y que eso “le gusta”.

Veremos cómo se plasman las cosas en el terreno de juego, pero parece el Atlético sale ganando con el cambio: al margen de las condiciones técnicas y tácticas, es Santiago Arias un ‘guerrero’, un jugador de esos con los que Simeone, con otros diez similares a él, armaría un equipo campeón.

ITEM MÁS: También se rumoreó, durante buena parte de este verano, que Djibril Sidibé podría ser el sustituto de Sime Vrsalkjo. Acierta el Atlético (una vez más, este verano) con la contratación del colombiano. Al margen del precio, notablemente inferior, es Santiago Arias un jugador más completo que el francés. Puede que similares en defensa, Arias es capaz de aportar más en ataque y, sobre todo, una mentalidad y un espíritu muy superiores a los del que saliese, hace ya varios años, de la cantera del Troyes.

Lemar es (mucho) más de lo que vimos en el Mundial

Es perfectamente compresible que el aficionado atlético medio, que solo ve la Liga española (cuando no solo a su equipo) y torneos tipo mundiales y Eurocopas, se encuentre preocupado, mosqueado, sorprendido y hasta cabreado porque el Atlético haya desembolsado alrededor de 60 millones de Euros (fichaje más caro de su historia, no lo perdamos de vista) en Thomas Lemar; un Thomas Lemar que no está teniendo ningún protagonismo en la selección francesa que este domingo disputará la final del mundial.

Pero, no debería este mismo aficionado medio caer en el error de que “los árboles no dejasen ver el bosque”. La actuación de Lemar en la selección debe analizarse, no en el plano individual, sino desde la perspectiva del esquema planteado por Deschamps; y lo mismo para el Atlético: debe analizarse en términos del rol que Simeone pretenda otorgarle.

Vayamos por partes. En Francia, Deschamps apuesta por un 4-3-3 sin extremos como tal en mediocampo: 4 defensas, un pivote defensivo (el omnipresente Kanté) dos interiores de ‘ida y vuelta’ (Pogba y Matuidi o Tolisso…), para aprovechar las segundas jugadas que puedan generar los de arriba y tres ‘balas’ arriba o dos ‘balas’ y un punta de referencia (Mbappé, Griezmann y Giroud o Dembelé). Téngase en cuenta que se mediocampo no es solo que no tenga jugadores ‘finos’ en la parcela central; es que el único conductor real de juego que tiene Francia (Adrien Rabiot) no está ni siquiera en la lista del seleccionado francés para el Mundial de Rusia.

¿Que Lemar podría haber sido utilizado como recambio de los tres de arriba en los últimos minutos de partido, como lo han sido Dembele, Fekir o Thauvin? Pues, sí; no seré yo quien diga lo contrario. Pero que Lemar no encaja en el esquema de partida de Deschamps, también es verdad.

Hablando de un caso que sonara bastante a los atléticos, el caso de Lemar en la selección francesa, es un poco parecido al de Arda Turan cuando llego al Barcelona, salvando las distancias: ni daba el perfil para jugar en mediocampo (no por nivel, sino por características) ni tenía el nivel para suplir, como titular, a ninguno de los tres de arriba.

¿Y en el Atlético? Pues, en el Atlético la situación será radicalmente diferente, una vez el jugador se adapte; que ya tenemos muchas experiencias de que no es fácil adaptarse al equipo de Simeone (a Griezmann, por citar el caso más claro, le costó seis meses). Si nos ceñimos al esquema que Simeone utiliza de forma habitual y como punto de partida: cuatro defensas, un doble pivote, dos medios más ofensivos – uno más tipo interior (Koke/Saúl) y uno más jugador de banda (Vitolo/Correa), Griezmann y Costa, Lemar viene a pelear por el puesto de mediocampista de banda. ¿Que es un jugador muy caro en una única posición donde ya está Vitolo (y Correa)? Cierto. ¿Que nos pasamos la segunda mitad de la campaña pasada criticando que no teníamos reemplazos, que el equipo estaba ‘fundido’, que no podían más…? También. ¿Que, con un jugador ofensivo, pero también de notable sacrificio defensivo, como es Vitolo, es perfectamente planteable jugar con doble pivote y dos jugadores de banda en mediocampo? (Más) también. ¿Que, con todo lo anterior, quien sobra en esta ecuación en Gelson Martins, salvo que sea a coste ‘cero’? (Mucho más) también.

Pero, al margen de disertaciones tácticas, es Thomas Lemar un futbolista finísimo, de excelente pie izquierdo; que, partiendo de banda izquierda tiene una fantástica capacidad para entrar en diagonal hacia el área y golear y/o asistir. En el Mónaco y debido a las lesiones, bajó bastante la pasada campaña, pero, si alguien tiene dudas, que mire sus estadísticas en la temporada 2016/17. Materia prima, hay; ¿para pagar 60 millones? Uno diría el mercado está absolutamente desorbitado y ‘esto es lo que hay’… En este caso, y sin que sirva, en absoluto de precedente, uno hubiese hecho lo mismo que Miguel Ángel Gil Marín.

NOTA del AUTOR: Publicado en http://www.lavidaenrojiblanco.com (@lavidaenrojiblan) el pasado 14 de Julio.

Lucas Hernández, entre sí mismo y la inevitable comparación

Lucas Hernández, Marsella, febrero de 1996, es un futbolista con algunas peculiaridades, familiares, sobre todo: es hijo del que también fuese jugador del Atlético de Madrid, Jean-François Hernández y hermano de Theo Hernández, quien protagonizase el pasado verano una larga polémica, tras aceptar una oferta del Real Madrid para ‘cambiarse de acera’.

Pese a haber nacido en Marsella, Lucas Hernández se enroló (o fue enrolado) a los 11 años en la cantera del Atlético de Madrid. Y fue creciendo y escalando por todas las categorías a la vez que era señalado como uno de los jóvenes con mas futuro en la cantera rojiblanca. Hasta que llegase al primer equipo en la temporada 2014/15.

Central como posición primitiva, pero con notables condiciones para actuar como lateral izquierdo, Lucas nunca ha tenido fácil consolidarse como titular en la primera plantilla del Atlético de Madrid: los Godín, Giménez o Savic le cierren el paso (pese a la opinión en contra de gran parte de la hinchada rojiblanca) en la posición de central mientras que Filipe Luis supone un muro casi insalvable en la posición de lateral zurdo. O suponía.

Y el matiz ‘suponía’ responde al hecho de que, desgraciadamente para el Atlético de Madrid, el físico de Filipe Luis no es eterno y el propio protagonista ha reconocido que ‘ya no está para jugar dos partidos completos por semana’. Y es aquí donde irrumpe con todo su protagonismo Lucas Hernández. Un futbolista magnifico, capaz de rendir de forma notable tanto en el eje de la defensa como en el lateral izquierdo; un jugador que, pese a su edad, no se asusta ni se amilana ante las dificultades (de hecho, uno de sus primeros partidos como titular en el Atlético fue frente al Real Madrid y no solo cumplió, sino que tuvo una actuación más que notable), un jugador que el Atlético de Madrid debería conservar, casi a cualquier precio, como uno de los pilares de la renovación de la columna vertebral que debe llevar a cabo en los próximos 2-3 años.

Pero, como todo en esta vida tiene un ‘pero’, Lucas Hernández también tiene el suyo; y no motivado por él, sino por la forma de ser de este país, en general, y del aficionado al fútbol en particular. Si el futuro a medio plazo de Lucas Hernández es la posición de central, el relevo con Godín (sobre todo) debería ser tranquilo y sin mayores tiranteces. Sin embargo, si se pretende Lucas Hernández sea el reemplazo de Filipe Luis, ‘habemus problemas’ … no por el desempeño de Lucas, por supuesto, sino porque tiene unas características como jugador (no solo como lateral) absolutamente diferentes de las de Filipe. Filipe Luis ha sido, creo hay pocas dudas de ello, el mejor lateral izquierdo que se ha visto en el Calderón (disculpen, sigo siendo un romántico) en los últimos 40 años; Filipe ha sido, en los cuatro o cinco últimos años, unos de los 2/3 mejores laterales izquierdos del mundo; es más, pocos jugadores, no mediocampistas, tienen la influencia en el juego que tiene Filipe…

Y sería un tremendo error y le haríamos un flaco favor si pretendemos encontrar en Lucas Hernández la ‘fotocopia’ de Filipe Luis. Lucas va a ser (de hecho, es ya) un gran central y tiene, además, condiciones de sobre para ser un muy buen lateral izquierdo. De ahí, a pedirle que se a Filipe Luis, media un abismo. Es misión de todos, y seria en beneficio de todos, el tratar de evitarlo.