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Portugal: a la séptima fue la vencida

Aunque no suele ser incluida cuando se habla de los inquilinos habituales, lo cierto es que la selección portuguesa tiene un curioso record: ha alcanzado 5 semifinales (y dos finales, incluida la que disputará este domingo frente a Francia) en 7 ediciones de Eurocopa disputadas. Y hay dos circunstancias que sorprenden de este hecho: el porcentaje de ‘acierto’ y el (bajo) número de ediciones disputadas, apenas 7. Y es que, aunque es un habitual de las fases finales en los últimos años, eso no ha sido siempre así. En lo que se refiere a Copas del Mundo, salvo dos presencias aisladas en Inglaterra ’66 (de la mano del gran Eusebio) y en México ’86, sus participaciones no se hicieron continuas hasta el Mundial de Corea y Japón en 2002. Y, en lo que se refiere a Eurocopas, más de lo mismo: salvo la (espectacular) aparición en Francia ’84, no volvió a una gran cita europea hasta la edición de 1996, disputada en Inglaterra.
Portugal, celebrando uno de los dos goles logrados
en la semifinal frente a Gales (Foto: t13.cl)
Pero parece haber venido para quedarse: por un lado, desde 2000, no falta a una gran cita y, en lo que se refiere a Eurocopas, lleva varias ediciones quedando muy cerca del título. Y su idilio con las semifinales empezó, curiosamente, en otro Eurocopa en Francia, la de 1984. Era la Portugal de Sousa, Pacheco, Frasco… pero, sobre todo, del gran Chalana. Un jugador marcado por las lesiones, marcado por su carácter pero un jugador espectacular cuando estaba centrado, un extremo con una velocidad ‘endemoniada’ y que, en aquella Eurocopa, rayaría a un nivel fantástico.
Eran tiempos de Eurocopas muy duras, con sólo 8 equipos, algo que parece inimaginable hoy, pero que fue moneda común muchos años. Era muy difícil clasificarse (de ahí las ausencias de Portugal en muchas ediciones) y más difícil aún alcanzar las semifinales. Portugal caería encuadrada en el grupo B, junto con España, Alemania Federal (aún no estaba unificada) y Rumanía; dos empates con Portugal y España y una victoria frente a Rumanía la clasificaron como segunda de grupo (España sería primera gracia al mítico gol de Antonio Maceda en el último minuto del encuentro frente a los alemanes).
Fernando Chalana cuajó una excepcional Eurocopa.
Y esa segunda plaza llevó a los lusos a disputar la semifinal frente a los anfitriones, que habían hecho pleno en la primera fase: tres victorias, seis puntos (si, las victorias todavía valían dos puntos), nueve goles a favor (nada menos que ¡¡siete!! del gran Michel Platini) y tan sólo dos en contra… El partido resultó un monumento al fútbol y no se decidió hasta la prórroga: tras llegar al final del tiempo reglamentario con empate a 1 (Domergue marcaría para Francia y Jordao para Portugal), el mismo Jordao adelantaría a los lusos en la prórroga pero otro gol de Domergue, en el 114, y (cómo no) de Michel Platini en el 119 acabarían con el sueño de Portugal.
Tras las ausencias en Alemania ’88  y Suecia ’92, los portugueses volverían a un gran torneo continental en Inglaterra ‘96, disputada ya con 16 equipos. Pero, tras una notable primera fase (fue primera del Grupo D),  sorprendente Republica Checa, subcampeona a la postre, la eliminaría en cuartos de final. Uno a cero y, habida cuenta de lo exhibido en la primera fase,  prematura vuelta a casa.
Volverían a la carga los portugueses en 2000, en la edición disputada en Bélgica y Holanda. Y lo hicieron de forma arrolladora, encabezando su grupo, con tres victorias en tres partidos y dejando fuera a dos históricos, Alemania e Inglaterra. Era la Portugal de Figo, Rui Costa, Paulo Sousa, Fernando Couto… En cuartos de final se desharían sin mayores de Turquía y sólo la Francia de un Zinedine Zidane en plena madurez, que venía ser campeona del mundo dos años antes y que sería, a la postre, campeona de Europa en esa edición, fue capaz de frenarles en las ‘malditas’ semifinales. Pese a ello, vendieron cara su derrota: esta llegó en el minuto 117 de la prórroga; su autor, Zidne, no podía ser otro.
Figo y Zidane, Portugal y Francia, frente a frente
Tras dos semifinales en tres participaciones, a Portugal le llegaba su gran oportunidad en 2004, al ser el país anfitrión. Todo el mundo en el país luso confiaba en que verían ‘en casa’ el triunfo definitivo de su país y la prensa internacional les daba como uno de los grandes favoritos. Pero se cruzarían con una inesperada ‘piedra en el camino’, protagonista de una de las mayores gestas que ha conocido este bendito deporte: la selección de Grecia.Quedaron encuadrados portugueses y helenosen el mismo grupo clasificatorio, el A, junto con España y Rusia. Y ya fue el primer partido un tenebroso anticipo de lo que ocurriría días más tarde, de forma mucha más dolorosa y definitiva. En aquél primer envite, los griegos vencieron a los anfitriones por dos tantos a uno y, de hehco, Portugal no hizo su gol (obra de Cristiano Ronaldo, que debutaba en una gran competición internacional a nivel de selecciones).
Con la rémora de esa primera derrota, Portugal ya fue muy forzada y se vio obligada a ganar a Rusia (dos a cero, con goles de Maniche al inicio y Rui Costa, al final) y a jugársela en el tercer y definitivo encuentro frente a España. La victoria lusa, por un gol a cero (Nuno Gomes) unida a la derrota griega ante rusa, hizo alzarse a los anfitriones con la primera plaza del grupo, pareciendo dejar en una mera anécdota la derrota inicial.
Sin embargo, no sería ningún camino de rosas el que llevaría a los portugueses a la final. Los decisivos penalties, en unos apasionantes cuartos de final ante Inglaterra, fue el salvoconducto a sus terceras semifinales. Cabe destacar que, instaurado aquel extraño invento del ‘gol de plata’, en aquella semifinal se lograrían dos, uno por equipo, obra y gracia de Rui Costa y Frank Lampard, primeros jugadores de la historia en conseguir ese gol y único partido de la historia en que se hayan conseguido dos. La semifinal, ante Holanda, resultaría menos complicada de lo que podría deducirse del marcador final (dos goles a uno).
Y en la final, se volvería a cruzar Portugal con Grecia, sorprendente vencedor de Francia, en cuartos, y de la República Checa, en las semifinales. Pero la esperada y esperable revancha no fue tal y un gol del griego Charisteas hizo llorar amargamente a un país, el luso, que ya se veía campeón.
 
Un jovencísmo Cristiano Ronaldo, desolado tras perder la final de 2004 (Foto: ole.com.ar)
 
Nuevo envite en la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008, si bien menos brillante en su resultado final: tras ser primeros en su grupo de clasificación, un difícil cruce ante Alemania (que había sucumbido en su grupo ante la Croacia de los hermanos Kovac, Modric, Srna, Kranjcar) les dejó fuera en la primera ronda eliminatoria. Al igual que sucediese ante Francia en 2000, en la otra ocasión en que los portugueses no han accedido a semifinales, no fueron enemigo fácil: tres goles a dos vencieron los alemanes de forma muy apurada.
Y nueva demostración de poderío y saber hacer en la edición de 2012, disputada en Polonia y Ucrania. Se ha mentado tanto el término ‘grupo de la muerte’ que casi ha perdido su significado inicial, entre otras muchas razones, porque se usa muchas veces para referirse a grupos que no lo son tanto. Pero el B de aquella Eurocopa lo merecía con creces: Alemania, Holanda, Portugal y Dinamarca conformaban un grupo en el que cualquiera de los 6 partidos a disputar era tremendamente atractivo. Salieron los portugueses victoriosos del reto, como segundos de frupo, tras una derrota, por la mínina, ante Alemania y dos victorias, también por la mínima ante Dinamarca (tres a dos) y Holanda (dos a uno).
Apurada victoria también ante la República Checa en cuartos, con un solitario gol de Cristiano en los últimos minutos y en las semifinales, su hábitat natural en este torneo, el gran ‘ogro’, España, que era vigente campeona de Europa y del mundo. Aguantaron los portugueses el empate a cero inicial todo el tiempo reglamentario y la consiguiente prórroga pero los fallos de Moutinho y Bruno Alves en la tanda de penalties les dejaron fuera de lo que hubiese sido su segunda final.
Final que si han alcanzado en la actual edición y por un camino bastante diferente al seguido en otras ediciones. Donde los portugueses solían cuajar notables (o sobresalientes) primeras fases, en esta ocasión ha sido toda lo contrario: tres empates en otros tantos partidos en un grupo, en teoría, muy asequible (Islandia, Hungría y Austria eran sus rivales) que les relegaron a la tercera posición. Sin embargo, el ser ésta la primera edición  con 24 equipos, que daba opción a clasificarse para octavos a los cuatro mejores terceros dio a los capitaneados por Cristiano Ronaldo la opción de acceder a octavos de final.
Fernando Santos, el hombre que ha llevado a Portugal a su segunda final continental (Foto: gazzettaworld.it)
Tampoco ha sido fácil el camino desde entonces: Croacia, en octavos, sólo cayó en el minuto 117 de la prórroga gracias a un gol de Ricardo Quaresma y, ante Polonia, en cuartos, hubieron de recurrir a los penalties. Más asequibles fueron las semifinales, antes la Gales de Gareth Bale, gran sorpresa del torneo, pero que, máxime con la baja de Ramsey, apenas pudieron plantar cara a Portugal.
Este domingo, Portugal tiene la ocasión de lograr el primer título internacional de selecciones absolutas. Un notable rival (Francia, dos veces campeona y organizadora de la presente edición), un jugador en estado de gracia (Antoine Griezmann, pichichi de la Euro con seis dianas en 6 partidos) y un público entregado a los suyos, serán los obstáculos que hayan de salvar los lusos. Pero pasar a historia como los jugadores que dieron por fin un título a su patria, tras tres semifinales y ‘su’ final perdidas, pueden pesar mucho más. Cinco semifinales en siete participaciones lo merecerían.
 
P.D.: Y pesaron mucho más. Y no sería por falta de dificultades: al margen de las propias de la selección francesa y del ambiente, la gran estrella portuguesa, Cristiano Ronaldo, se vio obligado a abandonar el partido mediado el primer tiempo tras una entrada (seguramente, fortuita, pero dura) del francés Payet. Pero Portugal se recompuso y, con una magnífica lección de Fernando Santos en el banquillo, manejando muy bien los tiempos y las tácticas, dio a los portugueses su ansiado título, gracias a un gol de Eder.
 
NOTA del AUTOR: Este texto, salvo la postdata, fue publicado en @VAVELcom el pasado sábado 9 de Julio de 2016.